Novela.

Gente, people, y demás. Solo deciros que esta es una novela es sobre One Direction. Esos cinco maravillosos chicos que están todo el día en mi cabeza. Espero que os guste.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Cuatro.


-          Estoy muerta.
Dicho esto, Vienna se tiró en la silla de la cafetería a la que acabábamos de entrar. Razón no le faltaba, habíamos estado toda la mañana de un lado hacia otro mirando todo Londres a pie.
-          Voy a pedir, ¿Qué queréis?
-          Una Coca-Cola, o lo que vendan aquí.
-          Susan, aquí existe también la Coca- cola.- dijo Catherine riendo.- Jacky, Beth, ¿queréis algo?- Nos preguntó Vienna, antes de dirigirse a la barra.
-          Yo otra Coca – Cola. – dije.
-          Yo un zumo de naranja.
-          Así me gusta, - dijo Vienna – una chica sana.- y riendo se dirigió a la barra.
Tenía mucha sed. Miré a Susan, que le estaba tirando papelillos a Catherine en el pelo, mientras ésta miraba las fotos que habíamos hecho con la cámara de Jacky. Cuando se dio cuenta, se dio la vuelta y le pego un manotazo a Susan en la cabeza. Parecen crías chicas.
-          Bueno, ¿ahora que vamos a hacer? – dijo Vienna, haciendo equilibrios para que no se le cayeran las bebidas. Me levanté ha ayudarla, ya que las otras no hacían ni el amago.
-          Tenemos que ir a la universidad, os lo recuerdo.
-          Pues decidido, nos damos una pequeña vuelta por el centro y nos vamos a la universidad esa. – dije.
Cuando terminamos de tomarnos las bebidas, salimos de la cafetería y nos dirigimos a una gran plaza, en la que había mucha gente. Íbamos las cinco hablando, cuando de repente nos dimos cuenta de que Jacky no estaba. Miré a todos lados, mientras las otras la buscaban por toda la plaza. Y entonces la vi. Fui hacia ella.
-          Jacky, ¿Qué haces? Te estamos buscando. – Le dije, algo enfadada. Ella no dijo nada.- Jacky ¿me escuchas?- Entonces, levantó su mano y me señaló al frente, a un lugar apartado de la plaza. En él se veía a unas tres niñas, una de ellas llevaba una guitarra, y la tocaba torpemente. Delante de ella había una enorme caja de cartón, y de ella asomaban las cabecillas de pequeños cachorros de perros. Sabía perfectamente lo que Jaqueline amaba a los animales, sé que cuando ve uno perdido en la calle o abandonado, se lo quedaba. Sabía lo que decía aquella mirada.
-          ¿Nos podemos acercar, poooooooorfi?- dijo, poniéndome pucheritos.
-          Vale, pero acercarnos, que te recuerdo que en la casa tenemos dos perros, tres gatos, una tortuga y una cobaya. ¡Oh! Dios mio, cuantos animales, si parece un zoo.
-          Pero te gustan. – dijo.
-          Calla y anda.- dije empujándole. Llame a las chicas para que se acercaran.
Saludamos a las tres niñas, que tendrían unos diez años. Lo primero que nos preguntaron fue si queríamos uno. Yo le contesté que no, acompañada de una mirada asesina de Jacky. En la caja había como diez perritos, súper monos, algunos blancos con manchas, otros marrones, otros negros. Solo había uno blanco entero, y parecía ser el más pequeñito. Jacky lo miró, y se quedó embobada.
-          ¿Por qué los vendéis? – Preguntó Cath.
-          Mi madre no nos deja tenerlos, dicen que son muchos. Y, o los vendemos, o…
-          Lo pillo.- le interrumpió Cath, antes que lo dijera y Jacky empezara a llorar, como le pasaba siempre que sucedía algo de eso con animales. - ¿Cuántos lleváis vendidos?
-          Tres, pero la gente tiene tanta prisa que no se da cuenta de que estamos aquí, y no podemos vender, hemos intentado tocar la guitarra, pero no es que sepamos mucho, y tenemos un micrófono, conectado a un altavoz para que nos oigan pero nada.
-          Parece que vais a dar un concierto.- dije. De repente Vienna se puso a chillar y a saltar alrededor nuestra. Parece que se había drogado.- VIENNA! Vienna, me oyes, ¿te puedes calmar?
-          Tengo una idea para salvar a estos perritos.- dijo, con una enorme sonrisa. Jaqueline se levantó de suelo, donde había estado jugando con los perros, y vino corriendo, quitándose los pelos de su camiseta de los Rolling.
-          No me gustan tus ideas.- dijo Catherine.- Siempre pasa algo malo.
-          Pero esta vez no. – dijo y nos contó su plan.- ¿Qué os parece?
-          ¿Quieres que montemos un mini concierto en mitad de la plaza más concurrida de Londres, solo con una guitarra y un micrófono, para salvar a diez cachorros?- dijo Susan.- Me parece perfecto.
-          Bien, una menos. ¿Jacky?
-          Todo sea por los cachorros. – dijo, cosa que nos sorprendió, ya que no le gustaba mucho cantar en público.
-          Chicas, ¿desde cuando llevamos sin cantar en público?
-          Bueno, si público le llamas a los cuatro o cinco vejetes que se paraban a escucharnos delante de tu cochera, un año. Más o menos. – Dijo Vienna.
-          Si, ¿Estáis seguras de que queréis hacerlo?- Dije.
-          Yo no lo hago.- Dijo Cath.
-          ¡¿Qué?! O Catherine, vamos, hazlo por los cachorros.
-          No, yo no canto, llevo demasiado tiempo sin hacerlo, y no, no pienso hacerlo ahora.- No me extrañaba, desde que sucedió aquello, no la hemos vuelto a oír cantar, se le quitaron las ganas. No ha vuelto a ser la misma.
-          Catherine Isabela Winslett, hazlo por nosotras- dijo Susan, poniéndole ojitos.
-          Que no. – Susan se acercó más a ella, poniendo pucheros, he intentando que alguna lágrima de mentira asomara por sus enormes ojos marrones. – OH! Vale. Pero no canto  mucho, los coros y alguna que sea de rapear, ¿eh?
-          BIEEEEEEEEEEEEEEN! – Gritaron todas. Fuimos hacia las niñas, que nos miraban raro ya que habíamos estado hablando en español. Nos reímos, y les contamos nuestro plan.
-          ¿En serio haríais eso por nosotras?- dijo, la que parecía ser la más pequeña.
-          Claro que sí, cielo. – dijo Cath, dándole un beso a la niña en la cabeza.
-          Bien, vamos a prepararnos. ¿Vais a bailar?- nos preguntó Susan.
-          No, llevo falda, por si no os acordáis. Cantar, y ya está.- dije.
-          Vale, pero tampoco importaba mucho, así le alegrabas la vista a más de uno. – le di una colleja.- Me callo.
Empezamos  a reír, Susan siempre te sacaba una sonrisa.
-          ¿Cuál cantamos? Os recuerdo que  nada más tenemos un micrófono y una guitarra.
-          No problemo, mirad allí.- Dijo Susan, señalando enfrente nuestra. Había dos tíos cantando, para ganarse algún dinero, pensé. Tenían cuatro micrófonos más.
-          Que coincidencia, madre mía. Ahora, a ver si nos los prestan.
-          No te preocupes, Jaqueline y yo vamos para allá. – Dijo Vienna.
Y allá fueron, haciendo el cipote, a por dos micrófonos más.
-          Bueno, ¿Cuál cantamos? – dijo Catherine.
-          ¿Cher Lloyd? - Sugirió Susan.
-          ¿With Ur love?
-          Perfecto, ¿Nos la sabemos todas?
-          Si, creo. Y creo también que Jaqueline la sabe tocar con la guitarra, bueno, Jacky sabe tocar de todo con la guitarra.
-          Cierto. Pues ya está. Mirad allí vienen. Pero, ¿vienen con un tambor?- dije, rompiendo a reír. Vienna venía con una enorme sonrisa, como si hubiera descubierto un continente.
-          Mirad lo que traigo. – dijo enseñándonos el tambor, que llevaba Jacky.
-          Una mierda lo que traigo. Lo traigo yo.
-          Bueno, no nos pongamos quisquillosas. ¿Quién lo toca?
-          ¡Yo!- gritó Cath. – No es un piano, pero también sé.
-          Bien, ¿estáis lista? ¿Cual cantamos?
-          Hemos pensado en “With Ur Love” de Cher.
-          Y ¿que os parece “Bomb”? La de Chris Brown y Wiz Khalifa.
-          Y después la de “Up All Night”
-          Raro era que no hubierais dicho todavía una de esos.- dije.
-          Esos tienen nombre.- dijo Susan, mosqueada.
-          Vale, vale. ¿Y el final? Tiene que haber un gran final.
-          Forever Young. – Dijo Catherine.- Es perfecta.
-          Pero, ¿estás segura? Ya sabes, esa canción, y tal.
-          No he estado más segura que nunca. He venido a Londres para olvidar, pues es hora de que afronte mis miedos. Además, Up All Night, tampoco es que me traiga muy buenos recuerdos, pero, soy fuerte. Venga, vamos, que se nos va el día.
Nos pusimos a colocar los cinco micrófonos, y Jacky y Cath, se sentaron en dos sillas que tenían las niñas, y cogieron la guitarra y el tambor. Vimos como se acercaban los dos hombres que nos habían dejado los micros. Venían con un piano eléctrico, y saludaban a Vienna. Que sociable es esta chica, pensé.
-          ¿Preparadas?- dije.
-          Más que nunca. – Contestaron todas.
Una de las tres niñas cogió el micrófono.
-          Atención, londinenses, estáis a tiempo de ver actuar en directo, a una revelación de la música actual, un grupo que acaba de salir a la luz. Van a interpretar algunas Cover, de nuestros grandes artistas actuales. Señoras y señores, os presento a…- nos miró pidiendo un nombre.
-          Come to dream. – Le susurré.
-          A “COME TO DREAM”
Y empezamos, la gente se iba parando a mirar, para ver si éramos buenas o no. Se iban a enterar. Jacky empezó a tocar la guitarra. With Ur Love.
Tararararantan, tarantán, tararararantan, tarantán…” empezó Susan, como siempre. Miré a mis amigas. Jacky tocaba la guitarra, y miraba las cuerdas, seguramente le daría vergüenza mirar al frente. Susan y Vienna se movía y cantaban al compás, les gustaba esto, no les daba vergüenza actuar delante de diez personas o de mil. “La cuestión es divertirse” decía siempre Susan. Mi última mirada se dirigió a Cath. Miraba el pequeño tambor, y seguía el compás. Tenía los ojos cerrados, quizá aguantándose las lágrimas que le producían los recuerdos que ahora mismo pasaban por su mente, o se estaba preparando para su parte, la del tío, Mike Posner. No lo sabía, ni iba a preguntarle, por que no me respondería. Me preparé. Me tocaba el último trozo antes del estribillo. Y lo canté, la verdad, no cantábamos tan mal. Y cantamos todas, el estribillo. Cuando le tocó a Catherine se le notaba nerviosa, pero se le pasó enseguida. Y así cantamos toda la canción. Cuando terminamos hicimos una mini pausa, y vimos toda la gente que se había arremolinado alrededor nuestra. Catherine cogió los cachorros y los puso delante nuestra para que la gente los viera. Muchos niños se pusieron a acariciarlos y les pedían con llantos a sus padres que les compraran uno. Entonces un señor con un niño de unos siete años en brazos se nos acercó.
-          ¿Cuánto valen?
-          Pregúntale a aquellas niñas de allí son suyos, nosotras somos el anuncio.- dijo Vienna riendo.
-          De acuerdo.- rió el hombre.- Solo una cosa más. Compro uno, si cantáis otra canción más.- dijo tendiéndonos una mano. Nos miramos un momento entre nosotras.
-          Hecho.- dijimos a la vez mientras que le estrechaba la mano al señor.
Vimos como dos señoras se llevaban un perro cada una. Miramos hacia las hermanas, y vimos sus caras de felicidad.
-          Bien, señoras, señores, niñas y niñas. Ahora vamos a cantar otra canción. ¿Estáis listos?
Un “si” se extendió por toda la plaza.
-          Bien, vamos allá.
Cantamos las dos canciones que nos faltaban, e hicimos que toda la gente se pusiera a saltar y bailar con nosotras. Entonces llegaba el final. Terminamos de cantar “Up All Night”, con la cual toda la gente que había allí se había puesto a dar saltos y a cantar.
-          Y bueno, gente, lo sentimos pero esta es la última canción que vamos a cantar. Muchas gracias por haber estado aquí y haber contribuido a la compra de estos cachorros tan monos. – Dijo Vienna.
-          Que fino te ha salido. – le susurré al oído, y empezamos a reír las dos.
-          Bueno, esta canción, es muy conocida, tanto por adultos como para jóvenes. O a lo mejor no, y estoy metiendo un planchazo tremendo, - dijo Susan, cosa que hizo que la gente riera.- Bueno, vamos a cantar “Forever Young”
Jaqueline empezó a tocar la guitarra junto a uno de los hombres de los micrófonos, que tenían otra. Empezó Susan. Cantaba con sentimiento. Ahora Vienna, sonriente, como siempre, moviendo su pelo negro de un lado a otro. Y ahora todas. Cantábamos el estribillo.
“Forever Young, I wanna be, Forever Young. Do you really wanna live forever, forever, forever young.”
Y así, canté yo, después Jacky, y por último Catherine. Terminamos la canción. La gente nos aplaudía, y nosotras hacíamos reverencias graciosas, y les dábamos las gracias. Algunos seguían mirando a los cachorros.
-          Y ahora nos presentaremos.- dijo Jaqueline, a la cual ya se le había quitado la vergüenza. – Esta morenaza de aquí es la espectacular, Vienna Olssön. – Seguido de esto, Vienna le quitó el micrófono y apuntó a Susan.- Esta chica tan simpática y hermosa, es Susan Winslett. – Susan hizo una reverencia riendo, y cogió el micro, y señaló a Catherine.- Esta hermosura de ojos verdes, que además es mi prima, es Catherine Winslett. – Catherine sonrió y le quitó el micro a Susan, seguidamente me señaló.- Esta ricura de niña, que es como nuestra madre es Elisabeth Cooper. – Reí, y cogí el micrófono que ella me tendía, y me giré hacia Jacky.- Y por último, esta rubia, de gran melena rizada es Jaqueline Johnson, la chica más simpática y divertida de la tierra. Y esto es todo amigos. Nosotras somos “Come to dream”.
-          Esperamos que os haya gustado este mini-concierto y que no se os olvide, todo esto es por los cachorros.
A los quince minutos la gente se había dispersado. Fuimos donde estaban las niñas.
-          EH! Chicas, ¿Cómo va eso?
-          Gracias.- dijeron abrazándonos.- Los hemos vendidos todos.
Jacky fue  a mirar la caja.
-          No, todos no, aquí queda uno. Mira Beth, es el pequeño.- dijo sacándolo y cogiéndolo con mucho cuidado.
-          Ese no lo ha querido nadie. No sé lo que vamos a hacer con él.- Dijo, la niña, acariciando al perro. Miré a Jacky, y después a las chicas, que me miraban con cara de pena.
-          Bueno, de acuerdo, nos lo llevamos. ¿Cuánto es?
-          Para vosotras, gratis.
-          Muchas gracias, cielo. Jaqueline coge a tu perro, nos vamos.
-          BIEEEEEEEEEEEEEEN!- Dijo, saltando con el pobre animal en brazos.
-          Lo que no sé es si llegará a casa vivo.- dijo Catherine, riendo.
-          Dirás viva.- le corrigió Jacky - Te vas a llamar Naila.
Y dicho esto nos encaminamos a la universidad. Cuando llegamos nos quedamos sorprendidas.
-          Vaya cacho, de pedazo, de universidad.- Dijo Cath
-          No lo hubiera dicho mejor.
Entramos poco a poco. Pasamos por una o dos clases en las cuales había gente dando clases.
-          ¿Todavía están dando clase?
-          Susan, te recuerdo que estamos a 23 de mayo.
-          Ah! Es verdad. Pero si son las seis y media de la tarde. Tienen que estar amargaicos.
-          Seguro.- dije riéndome.
Buscamos a un profesor o alguien que pudiera ayudarnos y nos encontramos con el conserje.
-          Perdone, ¿sabe donde está secretaria?
-          Jovencita, llevo trabajando aquí más de 20 años, creo que lo tendré que saber ¿no?
-          Cierto – dije riendo.
-          Es por allí, - dijo señalando el final del pasillo, con una mano huesuda- tuerzan a la derecha y la primera puerta.
-          Muchas gracias, señor.
-          Podéis llamarme James.
-          Adiós James, encantadas. – dijimos las cinco,  marchándonos.

Veinte minutos más tarde, salíamos por la puerta de aquella enorme universidad, matrícula en mano, la cual teníamos que rellenar y echar en una semana.
-          ¿No vamos ya a casa? – dijo Jacky, sacando a Naila de la mochila donde había estado mientras estábamos en  la universidad.
-          ¿LA HAS LLEVADO AHÍ TODO EL TIEMPO? Creo que no llega a casa.
-          Es que no sabía si podía entrar y me daba cosa dejarla en la calle. Bueno, ¿nos vamos  a casa o qué?
-          Si, que estoy cansada.- dijo Susan.
-          ¿Y cuando no? – le replicó Catherine, que se llevó un manotazo.
Llegamos a casa cansadas, pedimos una pizza y nos pusimos los pijamas. Vimos un poco la tele, pero como no había nada interesante nos fuimos a la cama temprano.
-          Buenas noches – dije entrando en mi cuarto. Quité la colcha, me metí dentro de la cama, y poco a poco, me dejé caer en los brazos de Morfeo.